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Microliteratura 5



Wisława Szymborska


Polaca, poeta y ensayista, nacida en 1923. Su poesía aparentemente sencilla, rica en ironía y crítica, está hecha de versos cortos, estrofas clásicas y léxico común. Con estos elementos consigue poemas de gran hondura y fuerza, que le han merecido premios como el Goethe (1991), Herder (1995) y el Nobel de Literatura (1996) al que llama Catástrofe. Aquí están algunos de sus poemas.




LAS TRES PALABRAS MÁS EXTRAÑAS
Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio, lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.


PARÁBOLA
Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.
Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras:
"¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta.
Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!"
-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde.
La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador
primero.
-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano,
dijo el pescador segundo.
-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla "Aquí" está en todos
lados,
dijo el pescador tercero.
El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio.
Las verdades generales tienen ese problema.

VIETNAM
Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.

¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.


DISCURSO EN LA OFICINA DE OBJETOS PERDIDOS
Perdí unas pocas diosas camino del sur al norte,
también muchos dioses camino de este a oeste.
Un par de estrellas se apagaron para siempre, ábrete, oh cielo.
Una isla, otra se me perdió en el mar.
Ni siquiera sé dónde dejé mis garras,
quién anda con mi piel, quién habita mi caparazón.
Mis parientes se extinguieron cuando repté a tierra,
y sólo algún pequeño hueso dentro de mí celebra el aniversario.
He saltado fuera de mi piel, desparramado vértebras y piernas,
dejado mis sentidos muchas, muchas veces.
Hace tiempo que he guiñado mi tercer ojo a eso,
chasqueado mis aletas, encogido mis ramas.
Está perdido, se ha ido, está esparcido a los cuatro vientos.
Me sorprendo de cuán poco queda de mí:
un ser individual, por el momento del género humano,
que ayer simplemente perdió un paraguas en un tranvía.


CÁLCULO ELEGÍACO
Cuántos de los que he conocido
(si de verdad los he conocido)
hombres, mujeres
(si esta división sigue vigente),
han atravesado este umbral
(si esto es un umbral),
han cruzado este puente
(si se puede llamar puente).
Cuántos después de una vida más corta o más larga
(si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia),
buena porque ha empezado,
mala porque ha acabado
(si no prefirieran decirlo al revés),
se han encontrado en la otra orilla
(si se han encontrado
y si la otra orilla existe).
No me es dado saber
cuál fue su destino
(ni siquiera si se trata de un solo destino,
y si es todavía destino).
Todo
(si con esta palabra no lo delimito)
ha terminado para ellos
(si no lo tienen por delante).
Cuántos han saltado del tiempo en marcha
y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez
mayor.
(si merece la pena creer en perspectivas).
Cuántos
(si la pregunta tiene algún sentido,
si se puede llegar a la suma final
antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo)
han caído en el más profundo de los sueños
(si no hay otro más profundo).
Hasta la vista.
Hasta mañana.
Hasta la próxima.
Ya no quieren
(si es que no quieren) repetirlo.
Condenados a un interminable
(si no es otro) silencio.
Ocupados sólo con aquello
(si es sólo con aquello)
a lo que los obliga la ausencia.

POSIBILIDADES
Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del río.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener en la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Con los médicos prefiero hablar de otra cosa.
Prefiero las viejas ilustraciones.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
En el amor prefiero los aniversarios
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad del sabio a la del demasiado crédulo.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras que tampoco he dicho.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que todo tiene una razón de ser.


PROSPECTO
Soy un tranquilizante.
Funciono en casa,
Soy eficaz en la oficina,
me siento en los exámenes,
Comparezco ante los tribunales,
pego cuidadosamente las tazas rotas:
sólo tienes que tomarme,
¡ disolverme bajo la lengua,
tragarme,
sólo tienes que beber un poco de agua.
Sé qué hacer con la desgracia,
cómo sobrellevar una mala noticia,
disminuir la injusticia,
iluminar la ausencia de Dios,
escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.
A qué esperas,
confía en la piedad química.
Eres todavía un hombre (una mujer) joven,
deberías sentar la cabeza de algún modo.
¿Quién ha dicho
que la vida hay que vivirla arriesgadamente?
Entrégame tu abismo,
lo cubriré de sueño,
me estarás agradecido (agradecida)
por haber caído de pies.
Véndeme tu alma.
No habrá más comprador.
Ya no hay otro demonio.


LA PRIMERA FOTOGRAFIA DE HITLER
¿Y quién es esta personita en su chiquititito ropón?
¡Es el diminuto bebé Adolfo, el niñito de los Hitler!
¿Cuándo crezca llegará a ser un LL. D.?
¿O un tenor en la Casa de Opera de Viena?
¿De quién es esta pequeñísima manita, de quién la orejita y ojos
[ y nariz?
¿De quién la barriguita rebosante de leche, no lo sabemos,
la de un impresor, doctor, comerciante, sacerdote?
¿Hacia dónde llegarán finalmente esos dedititos del pie?
¿Al jardín, a la escuela, a una oficina, a una novia,
quizá a la hija del alcalde del pueblo?
Precioso angelito, resplandor de mamita, bomboncito,
mientras nacía hará cosa de un año,
no había signos de muerte en la tierra y en el cielo:
sol primaveral, geranios en las ventanas,
la música del organillero en el patio,
una afortunada fortuna envuelta en papel rosita,
y justo antes del parto el siempre fiel sueño de su madre:
una paloma vista en sueños significa noticias gozosas,
si se aprehende, arribará un ansiado visitante.



Knock, knock.., quién está allí, es el amoroso toquido de Adolfo.
Un chuponcito, pañal, sonaja, babero,
nuestro niño saltarín, gracias a Dios y toco madera, está bien,
se parece a sus padres, como un gatito en una canasta,
como los nenes de cualquier álbum de familia.



Shus..., no empecemos a llorar, azuquitar,
la cámara disparará desde abajo de la capucha negra.



El Klinger Atelier, Grabenstrasse, Braunau,
y Braunau es pequeño pero digno pueblo,
honestos negocios, vecinos amables,
olor a masa de levadura, a jabón gris.
Nadie escucha perros aullantes o las pisadas del destino.
Un maestro de historia afloja el cuello de su camisa
y bosteza sobre las tareas.

UN TERRORISTA: ÉL OBSERVA
La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.
El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:
Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos están hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.
Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.
Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.
Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.
Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota.

Microliteratura 4

Los eruditos
Iba a celebrarse un congreso sobre la mente al que tenían que asistir un buen número de eruditos especializados en el tema. Para tal fin, un grupo de ellos debía viajar de su ciudad a aquella otra en la que iba a tener lugar el acontecimiento. Para cubrir el trayecto, los eruditos tomaron el tren y consiguieron un compartimiento para ellos solos. Nada más acomodarse en el compartimiento comenzaron a hablar sobre la mente y sus misteriosos mecanismos. El tren se puso en marcha. Todos proporcionaban sus pareceres y llegaron al convencimiento común y compartido de que lo más necesario era cultivar y desarrollar la atención mental.
-Sí, ya nada hay tan importante como permanecer alerta -declaraba uno de ellos enfáticamente.
-Se requiere el cultivo metódico de la atención -recalcaba otro.
-Hay que aplicarse al entrenamiento de la atención; eso es lo esencial -afirmaban algunos.
Así hablaban y hablaban sin cesar sobre la necesidad de estar atentos, vigilantes y perceptivos; sobre la conveniencia de establecerse en una atención despierta y plena.
El convoy seguía su monótona marcha. Pero una vía estaba en malas condiciones y el tren descarriló sin que pudiera evitarlo el maquinista. El tren se precipitó por un enorme barranco, dando innumerables vueltas, hasta que al final se detuvo estrellándose en las profundidades del mismo. Los eruditos seguían polemizando acaloradamente, insistiendo en la necesidad de elevar al máximo el umbral de la atención, pero ninguno de ellos se había percatado del accidente. Declaraban que había que tener la mente tan atenta que ni el vuelo de una mosca pasara desapercibido. Seguían apasionadamente debatiendo sobre la mente y la atención, con sus cuerpos amontonados unos sobre otros, todos ellos ignorantes del percance.
Anónimo hindú

Microliteraltura 3

En esta tercera serie presentamos un conjunto de los llamados “articuentos” del escritor español, Juan José (Juanjo) Millás (1945 -) quien además se ha desempeñado como marionetista, profesor y articulista. Con sus articuentos -relatos a medio camino entre el cuento y el artículo de opinión periodístico- publicados en el importante diario español “El País”- este autor ofrece una visión crítica de la realidad sirviéndose del humor, la paradoja y la ironía. El lector puede encontrar una basta compilación de este género en:

MILLÁS, Juan José (2001) Articuentos, editorial Alba, Madrid, 2001, 292 p.


35. El diván

Si un día me animara a escribir una historia de los objetos, dedicaría un capítulo al diván, que fue el precursor del psicoanálisis. Hasta el descubrimiento del inconsciente, no se sabía muy bien para qué podía servir un mueble tan raro. Quizá Freud lo vio de pequeño en una tienda, acompañando a su madre a comprar una cama turca, y esa visión terrible de un mueble sin función determinó su vida. De hecho, no paró hasta que le encontró una utilidad que se plegara a sus formas: la del análisis. Personalmente puedo asegurar que si no me hubiera psicoanalizado, no habría tenido la oportunidad de usar nunca un diván, que no es un bicho doméstico, pues para permanecer sentado resulta incómodo y para estar acostado insuficiente.No le den más vueltas. El inventor del diván era un poeta que se anticipó en varios siglos al descubrimiento del psicoanálisis. Los poetas tienen intuiciones de este tipo. De todos modos, hay unos divanes más austeros que otros. El de mi analista, aunque bueno para la espalda, era terrible para los sentimientos porque tenía algo de catafalco o de mesa de autopsias. Siempre pensé que se lo había hecho un amigo aficionado al bricolaje, lo que no me parecía mal. La deconstrucción personal que se lleva a cabo en una sesión tiene mucho que ver con la terapia manual, sobre todo a la hora de ocultar las piezas que sobran cuando empiezas a montarte de nuevo.Después de que me diera de alta, intenté comprarle el diván a mi analista, para continuar practicando en casa, por mi cuenta. Ella lo interpretó como una resistencia a desprenderme de las menudencias anímicas que se me habían caído en la tapicería del mueble, como las monedas que se salen de los bolsillos cuando uno se sienta en los sofás y aparecen entre sus cojines meses más tarde. El caso es que no me lo vendió y ahora a veces meto la mano en los bolsillos psíquicos, buscando una manía para defenderme de algo que me duele y no encuentro ninguna porque se quedaron todas en el diván, como la calderilla del alma. ¡Qué loco, el inventor de ese trasto!


36. Lo real

Una chica estadounidense se tomó por juego una Viagra y tuvo una erección fantasmal. Pese a que los médicos han advertido que cuando el miembro permanece en tensión más de cuatro horas seguidas hay que acudir a un servicio de urgencias para evitar daños irreparables en el tejido de la uretra, la joven no fue al hospital hasta el tercer día, presa ya de unos dolores insoportable en el pene hipotético aparecido tras la ingestión de la pastilla eréctil. Dado que los facultativos no sabían cómo detener aquella erección inexistente, pasaron todavía unas horas preciosas antes de que al jefe de urología se le ocurriera proponer a la chica una eyaculación fantasmal para acabar con aquel caso de priapismo extravagante.Los padres, que eran mormones, se opusieron a que la joven se masturbara, pues además de no estar de acuerdo con el onanismo en general, les parecía que éste podría ser más condenable si se practicaba con un miembro ilusorio. Un médico muy culto que había ese día de guardia intentó explicarles que el miembro masculino objeto de la masturbación es siempre imaginario, aun cuando se pueda tocar. Pero no hubo forma de sacar a los padres de sus trece y el hospital tuvo que conseguir una autorización del juez para proceder a la descarga imaginaria, en el caso de que haya alguna que no lo sea, cesando de inmediato los dolores de la joven y desapareciendo al instante el miembro falso, si hay alguno verdadero.La noticia es que han congelado el semen quimérico obtenido de la eyaculación irreal y ahora pretenden fecundar con él un óvulo aparente para obtener un embrión fantasma. Si los fundamentos teóricos no fallan, podrían conseguir un individuo invisible. A mí, personalmente, me parece que eso no tiene ningún mérito. Lo novedoso a estas alturas sería fecundar a alguien real.


37. La cosa

De pequeño tuve una caja de zapatos que llegó a ser mi juguete preferido, entre otras cosas porque no tenía otro. Pero envejeció más deprisa que los zapatos que había llevado dentro, de manera que a mi caja se le cayó un día la primera a y se quedó en una cja, que así, a primera vista, parece un juguete yugoslavo. Busqué entre las herramientas de mi padre una a de repuesto, pero no había ninguna y tuve que sustituirla por una o. De este modo, sin transición, tuve que olvidar la caja para hacerme cargo de una coja, lo que es tan duro como pasar directamente de la niñez a los asuntos. Jugué mucho con aquella coja, todavía la recuerdo, pero se fue haciendo mayor también y un día se le cayó la jota. Hay quien piensa que las vocales se estropean antes que las consonantes, pero yo creo que vienen a durar más o menos lo mismo. El caso es que tampoco encontré entre los tornillos de mi padre una jota en buen uso, así que la sustituí por una pe que estaba prácticamente sin estrenar. La coloqué en el lugar de la jota y me salió una copa estupenda, con la que he bebido de todo hasta ayer mismo, que se me cayó al suelo y se rompió. A decir verdad, se rompió justamente por la pe, y como es muy antigua no he encontrado en ninguna ferretería una igual. Ayer fui a casa de mis padres, y después de mucho rebuscar en el trastero di con una ese que no desentona con el conjunto. O sea, que ahora tengo una cosa, pero no sé qué hacer con ella. La caja, la coja y la copa eran muy útiles para guardar secretos, jugar o emborracharse. Pero la cosa me da miedo; además, la escondí en el bolsillo interior de la chaqueta, de manera que desde ayer tengo una cosa aquí, en el pecho, que me llena de angustia. Lo peor de todo es que, como no sé qué es, tampoco sé cómo se rompe. Qué vida, ¿no?


38. La verdad

Se despertó de madrugada y permaneció encogido entre las sábanas, sin decidirse a poner la radio por miedo a despertar a su mujer. Finalmente, los nervios le empujaron a la de la cocina, donde sintonizó un programa de noticias por el que se enteró de que un tornado había causado grandes destrozos en Miami. No se dijo que él estuviera implicado, pero tampoco lo contrario, así que regresó a la cama algo nervioso y concilió un sueño breve, lleno de grumos, antes de que sonara el despertador. Durante el desayuno, su mujer le preguntó si volvía a dolerle la espalda o tenía alguna preocupación. Él negó con la cabeza mientras escuchaba la primera tertulia de la mañana por si salía su nombre a relucir. Ya en la oficina, leyó atentamente el periódico disimulado entre las piernas, sin verse citado en ningún sitio. No obstante, a las once fue al cuarto de baño y con el móvil que le habían regalado el día del Padre telefoneó a la secretaria de Gómez de Liaño para preguntar si el juez estaba interesado en interrogarle. Le dijeron que no. "¿Puedo salir de España entonces?", insistió al tiempo que cortaban bruscamente la comunicación al otro lado. Regresó al despacho con gesto huidizo y confesó a su compañero de mesa que tenía miedo de que su nombre figurara entre los 200 expedientes de la supuesta amnistía fiscal. "Pero ¿cuánto dinero ganas?" "No sé, entre mi mujer y yo no llega a tres millones y medio al año." Su compañero le mandó a la mierda y eso fue todo. Por la tarde, al volver a casa, preguntó si había llegado alguna notificación del juzgado de guardia o si alguien les había amenazado por teléfono, pero no, todo estaba en orden. Antes de acostarse, mientras se cepillaba los dientes, se contempló en el espejo enfrentándose al fin a la verdad. "Dios mío -se dijo-, no soy nadie."


39. El origen de la vida

Se van acumulando poco a poco indicios de que el origen de la vida es extraterrestre. Ya lo sabíamos, pero las pruebas recién aportadas por Jeffrey Bada en la reunión de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias ha dejado a más de uno un poco estupefacto.Digo que ya lo sabíamos porque si fuéramos de este planeta no nos sentiríamos tan extranjeros en él. La verdad es que nunca nos hemos encontrado a gusto aquí; es cierto que nos maravillan los amaneceres africanos y las puestas de sol sobre el mar de Grecia, y que nos quedamos con la boca abierta frente a excesos como las cataratas del Niágara, pero también es verdad que hay un momento de la tarde, cuando el sol está a punto de caer, pero no cae, en que sentimos en el pecho una opresión algo angustiosa. Y también que al mirar algunas montañas, vemos planear sobre ellas la sombra de un pensamiento oscuro, de una amenaza. Nos gusta el mundo, en fin, porque está lleno de cosas raras, como las piedras y los árboles y los océanos, pero nunca nos hemos encontrado en él como en casa.Además de eso, la confirmación de que procedemos de algún remoto lugar de este o de otro universo, no se sabe, plantea también algunas cuestiones sobre el cuerpo. Con el cuerpo pasa lo mismo que con el mundo, que, aun pareciéndonos admirable, no acabamos de encontrarnos a gusto en él. Es como un traje que nos viene demasiado grande o demasiado pequeño, según. Y es que el cuerpo, seguramente, tuvimos que adquirirlo al llegar a la Tierra, porque es que aquí no se puede vivir sin cuerpo. Pero no nos gusta, la verdad; además produce muchos sinsabores. O sea, que a lo mejor lo del alma no es un invento, sino el recuerdo de lo que fuimos en ese otro mundo del que procedemos y al que anhelamos volver.Desde que leí la noticia, me duermo pensando en ese lugar mítico en el que vivíamos sin cuerpo y sin las servidumbres a que nos somete, pero me hago cargo de que en este planeta sin cuerpo no vas a ningún sitio: lo importante es saber que se trata de una prótesis.


40. Vivir intensamente

Uno de los mitos más dañinos para la juventud es el de "vivir intensamente". Por vivir intensamente suele entenderse pasar mucho tiempo en la calle e ir de un lado a otro bebiendo cosas que dan ardor de estómago. En mi juventud también fuimos víctimas de la necesidad de vivir intensamente. "Vive deprisa, muere joven y haz un cadáver bonito", rezaba un eslogan de la época. El problema es que vivir deprisa no garantiza morirse antes. La mayoría de la gente que vivía deprisa continúa viva, pero con úlcera de estómago o piedras en el riñón. Además no quieren ni oír hablar de la muerte. Vivir intensamente no significa nada. En todo caso no significa, como creen algunos, tomar muchos aviones. Durante una época me bajaba de un avión y me subía en otro y era la vida menos intensa que cabía imaginar. La intensidad llegaba cuando menos la esperabas y en los lugares más sorprendentes. Un día bajando las escaleras de un ministerio me crucé con un individuo cuya mirada no he logrado olvidar. Se detuvo delante de mí y estuvo unos segundos observándome. Aquello fue muy intenso, aunque no sé por qué.Los sucesos más importantes de la vida son absurdos. El sentido es un adminúsculo digno de un "todo a cien". Las personas que presumiblemente han vivido de forma intensa te cuentan sus correrías a modo de historia. Quiere decirse que han necesitado hacer una reconstrucción que dota de coherencia a lo incoherente. Las mejores conquistas sexuales, por citar un campo que todo el mundo suele considerar excitante, son siempre casuales. Es el recuerdo lo que lo convierte en una novela. Los profesores aseguran que los jóvenes no comprenden los procesos históricos, pero quién los comprende. La historia de la humanidad no tiene ni pies ni cabeza, de modo que lo raro es comprenderlos.Escribimos y leemos novelas porque nos vuelve locos aquello de lo que carecemos: el sentido. La vida es lo contrario de una novela: le sobran casi todas las páginas y si hay alguna imprescindible no sabemos cuál es. Aceptar la falta de sentido: eso es vivir intensamente.


41. La piedra de Sísifo

Cuando todos los bancos se hayan fusionado y no haya más que un banco, cuando todos los hipermercados sean un solo hipermercado verdadero, cuando el mundo haya devenido al fin en una gran superficie con un solo periódico y un solo Estado y un acontecimiento único (ya decidiremos cuál más tarde), necesitaremos también un idioma universal, y ahí es donde aparece el esperanto, mal llamado inglés por las escuelas de idiomas que te lo enseñan en diez meses. En diez meses sólo se aprende el esperanto, que es una lengua construida pieza a pieza como el motor de un coche. Pero no nos pongamos exigentes. Cuando todas las academias de la lengua se fundan entre sí y no haya más que una, como debe ser, ya decidirá su único académico si lo que hablamos es inglés o esperanto. Lo importante no es el nombre de las cosas, sino que sólo haya una de cada, es decir, un pensamiento único y una neurona única para que no nos demos cuenta de que los que se fusionan por la tarde acaparando todo el alfabeto para las empresas resultantes (BBVA pongamos por caso) son los mismos que dan vivas por la mañana a la competencia y al libre comercio. En qué quedamos.En todo caso, lo mejor vendrá después de todo esto. Y es que una vez que tengamos un idioma universal, un esperanto (llamémosle inglés si ustedes quieren) lo lógico es que nos pongamos a construir una torre única, una torre que llegue hasta el cielo para ser como Dios, a quien tan bien le salió su propio proceso de fusiones. Acuérdense, si no, de la cantidad de dioses que había en Grecia y en Roma, y de lo mal que acabaron llevándose unos con otros, hasta que decidieron fusionarse, en fin, abaratando costes y creando sinergias y generando economías de escala. Pues bien, empezaremos la torre, la torre única, la torre de Babel, y Dios nos confundirá de nuevo con la invención de los idiomas, y nos dispersaremos una vez más y empezaremos de nuevo la cultura. La cosa es dar vueltas, como Sísifo con su piedra. Lo que hay que procurar es que haya una sola piedra sobre la que edificar la nueva Iglesia. Viva el eterno retorno.


42. La peste experta

Si usted es un padre consciente de la importancia de las nuevas tecnologías y ha decidido regalar a sus hijos por Navidades un ordenador, no se le ocurra consultar a un cuñado experto en el tema, o a un sobrino licenciado en Informática. Ni siquiera se deje aconsejar por el vendedor. Entre en la tienda con un gesto decidido, coja el que más rabia le dé, con tal de que pueda pagarlo, llévelo a casa, y que los niños se entiendan con él.A primera vista, lo sensato sería hablar con el hermano de su mujer que trabaja en Sony, pero ése es el modo más seguro de que sus hijos se queden sin ordenador y usted hecho un lío. Las personas aficionadas a la informática son propensas a dar conferencias, de manera que en lugar de informarte te duermen. Lo malo es que después de haber soltado un rollo lleno de términos incomprensibles, te recomiendan que esperes, que no compres todavía, porque dentro de seis meses se van a caer los precios y el mismo ordenador que ahora te cuesta medio millón estará a cien mil. O te aseguran que dentro de quince días va a salir un modelo nuevo que además de modem y CD?Rom llevará incorporado una freidora. O te miran de arriba abajo, para ver si estás en tu sano juicio, y te preguntan que para qué quieres regalarle un ordenador al niño.-Para que juegue con él y se familiarice- respondes acobardado.-Pero hombre -dice tu cuñado conteniendo la ira-, eso es un disparate. Para los juegos es mejor que le compres un CDI. El futuro pasa por el CDI. Además, en ese aparato podréis ver también películas, porque los vídeos y las cintas de VHS son una antigualla.-Pues el caso es que había pensado comprar un vídeo nuevo.-Si lo que quieres es tirar el dinero, allá tú.Al final el cuñado experto te da una información tan completa que no te compras nada porque cualquier cosa que hagas será un disparate. Yo he adquirido siempre los ordenadores en Nueva York porque no sé inglés y gracias a eso no entiendo los consejos del vendedor. Y la verdad es que hasta ahora me han dado muy buen resultado. Los entendidos son una peste.


43. Una queja

No se deben tirar los medicamentos caducados, por si quitaran los dolores de cabeza antiguos. Quienes padecen neuralgias y migrañas saben perfectamente que los sufrimientos pasados permanecen en la memoria como un bulto que a la larga hace más daño que la molestia misma que lo provocó. Las personas con tendencias neurálgicas suelen tener asociados los acontecimientos más importantes de su vida a una cefalea nerviosa. El día en el que uno tenía que opositar a Correos, por ejemplo, amaneció nublado y la frente del opositor también. Antes de meterse en la ducha, ya se había instalado alrededor de su globo ocular izquierdo un suplicio que le hacía mezclar los temas de Geografía con los de Historia, los ríos con los montes, la gimnasia con la magnesia. Acudió al examen de todos modos convenientemente forrado de optalidones. Quizá aprobó incluso. Pero nunca dejó de dolerle que el sufrimiento quedara para siempre asociado al éxito. Volvió a pasarle la noche de su boda. Le despertó a las tres una punzada en la nuca, un destello en medio de la bóveda craneal, como si alguien hubiera encendido violentamente una luz blanca, y supo que le esperaba una jornada de perros. Empezó a medicarse en ese instante, para prevenir, y llegó al altar o al juzgado en estado alucinatorio. De hecho, no tenía constancia de haberse casado, pero los papeles decían que sí y acabó por aceptarlo sin confesarle nunca a su mujer que no recordaba haber acudido a la boda. Podríamos seguir enumerando situaciones en las que la felicidad se alía, para el jaquecoso, a la desdicha. Pero son demasiadas. Hasta ahora nos curábamos de aquellas migrañas antiguas (lo que era tanto como rectificar el pasado) con medicinas caducadas, que en buena lógica deberían actuar sobre los dolores prescritos. Pero nos acaban de decir que el 90% de las medicinas sigue siendo eficaz después de su fecha de caducidad, pues ésta se basa tanto en criterios científicos como comerciales. En otras palabras, que nos han devuelto de golpe todas las cefalalgias antiguas sin quitarnos las actuales. ¿Tienen las organizaciones de consumidores un departamento de quejas retroactivas?.


44. Lo duro y lo blando

En verano hay mucho personal desenterrando cosas. Cuando la gente normal está en la playa, entregada al hedonismo y a las drogas para olvidarse de quiénes son, los paleontólogos desentierran cadáveres de hace cinco millones de años para averiguar quiénes fuimos. Leí una entrevista con Juan Luis Arsuaga, el director de Atapuerca, en la que hablaba con pasión de la pelvis de Lola (la mujer de Elvis), que todavía no ha logrado encontrar, aunque lógicamente debería de estar cerca de la de su marido. O no tan lógicamente: la pelvis de mi abuela y la de mi abuelo tampoco están juntas. Fue la última voluntad de los dos vivir toda la muerte separados, porque cuando fallecieron todavía no estaba autorizado el divorcio. Pero lo que yo quería decir es que si desenterrando cadáveres de hace cinco millones de años averiguamos tantas cosas de nosotros, qué no aprenderíamos desenterrando a mi abuela, que debe de estar en mejor estado. ¿No les sirve la pelvis de mi abuela, que además da la casualidad de que se llamaba Lola, como la de Arsuaga?Quizá no, entre otras cosas porque lo interesante de mi abuela eran sus partes blandas. Éste es el drama de la paleontología: que busca lo que ya no está. Es cierto que de los huesos se puede deducir la carne. Pero una deducción no es lo mismo que un músculo. Las cuencas vacías de una calavera no nos dicen nada de la mirada de su propietario. Tampoco una botella vacía puede darnos información sobre la calidad del vino que contuvo.Cuando nos ponemos a escarbar en la memoria, sin embargo, sólo encontramos objetos blandos. El tiempo, en la memoria, descompone lo duro, lo rígido, y deja en perfecto estado de conservación lo blando. Por eso la gente sólo tiene buenos recuerdos de la mili, de su infancia o de su profesor de matemáticas, aunque fuera un hueso. Ahora bien, de las partes blandas también es muy difícil deducir cómo fueron las duras. De hecho, no hay manera. O sea, que siempre nos quedamos a medias. Mi abuela, en la memoria de sus hijos, logró quedar como un ángel, pero su esqueleto era el de un sargento de caballería. ¿A quién hacer caso?

Microliteraltura 2


En esta segunda serie presentamos algunos minicuentos del escritor, “carnicero, diplomático" y guatemalteco, Augusto (Tito) Monterroso, (1921-2003), quien no desperdició palabras, e impuso su melancólico sentido del humor. Empezaremos con el considerado “cuento más corto de la literatura”:


16) El dinosaurio

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


17) El mundo

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.


18) Aforismos

Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista.


19) Caballo imaginando a Dios

"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.
Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."


20) Dejar de ser mono

El espíritu de investigación no tiene límites. En los Estados Unidos y en Europa han descubierto a últimas fechas que existe una especie de monos hispanoamericanos capaces de expresarse por escrito, réplicas quizá del mono diligente que a fuerza de teclear una máquina termina por escribir de nuevo, azarosamente, los sonetos de Shakespeare. Tal cosa, como es natural, llena estas buenas gentes de asombro, y no falta quien traduzca nuestros libros, ni, mucho menos, ociosos que los compren, como antes compraban las cabecitas reducidas de los jíbaros. Hace más de cuatro siglos que fray Bartolomé de las Casas pudo convencer a los europeos de que éramos humanos y de que teníamos un alma porque nos reíamos; ahora quieren convencerse de lo mismo porque escribimos.


21) Fecundidad

Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.


22) Epitafio encontrado en el cementerio Monte Parnaso de San Blas, S.B

Escribió un drama: dijeron que se creía Shakespeare;
Escribió una novela: dijeron que se creía Proust;
Escribió un cuento: dijeron que se creía Chejov;
Escribió una carta: dijeron que se creía Lord Chesterfield;
Escribió un diario: dijeron que se creía Pavese;
Escribió una despedida: dijeron que se creía Cervantes;
Dejo de escribir: dijeron que se creía Rimbaud;
Escribió un epitafio: dijeron que se creía difunto.


23) Humorismo

El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico.
En las guerras deja de serlo porque durante éstas el hombre deja de serlo. Dijo Eduardo Torres: "El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo".


24) Nube

La nube de verano es pasajera, así como las grandes pasiones son nubes de verano, o de invierno, según el caso.


25) La tortuga y Aquiles

Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta.
En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.


26) La tela de Penélope o quién engaña a quién

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.


27) La oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


28) La fe y las montañas

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.


29) Imaginación y destino

En la calurosa tarde de verano un hombre descansa acostado, viendo el cielo, bajo un árbol; una manzana cae sobre su cabeza; tiene imaginación, se va a su casa y escribe la Oda a Eva.


30) Historia fantástica


Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.


31) Heraclitana

Cuando el río es lento y se cuenta con una buena bicicleta o caballo sí es posible bañarse dos (y hasta tres, de acuerdo con las necesidades higiénicas de cada quién) veces en el mismo río.


32) El salto cualitativo

-¿No habrá una especie aparte de la humana -dijo ella enfurecida arrojando el periódico al bote de la basura- a la cual poder pasarse?
-¿Y por qué no a la humana? -dijo él.


33) El Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.



34) El perro que deseaba ser un ser humano

En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto.
Al cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo, caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a gemir viendo largamente a la luna.

Microliteraltura 1

Comenzamos una colección de relatos brevísimos y de gigantesca imaginación; ciertamente microrelatos, asesinos de la trama, por eso, con desenlaces -si los hay- vertiginosos e incalculables; en todo caso no aseguramos un final, y mucho menos, convencional; si sucede, júzguese el carácter descuidado, vanidoso y manirroto del autor, y no al relato, pues éste como el hombre, nunca quiso para sí un final, y por si acaso… que no fuera frívolo.

Por: Fredy Ricardo Moreno

1. Ignorancia

El viejo prestidigitador, ante la desnudez excitante de la mujer, apeló a todos sus antiguos poderes celestiales. Después de cumplir un agotador sortilegio, logró el milagro de la erección. Pero ella, una neófita en las artes mágicas, comentó tontamente: "es muy pequeño..."

Eduardo Liendo


2. La máscara del mal

Colgada en mi pared tengo una talla japonesa,
máscara de un demonio maligno, pintada de oro.
Compasivamente miro
las abultadas venas de la frente, que revelan
el esfuerzo que cuesta ser malo

Bertolt Brecht

3. (Sin título)

"Dios creó el infinito. Y se olvidó de terminarlo"
Roberto Fontanarrosa


4. La bella durmiente del bosque y el príncipe.

La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al príncipe. Y cuando lo oye acercarse, simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho, pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos.

Marco Denevi


5. Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

Juan José Arreola


6. Temor de cólera

En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:
-Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.

Ah’med el Qalyubi


7. La brevedad

Me convenzo ahora de que la brevedad es una entelequia cuando leo una línea y me parece más larga que mi propia vida, y cuando después leo una novela y me parece más breve que la muerte.

Gabriel Giménez Emán


8. La trama

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Jorge Luis Borges


9. El paraíso imperfecto

-Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

Augusto Monterroso


10. Misterios del tiempo

Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían.

Alejandro Jodorowski


11. Llamada.

El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta...

Fredric Brown


12. Algún día

Algún día los hombres descubrirán que el sueño vino después. Dios no duerme, ni Adán dormía. Los infusorios no duermen, ni el diplodoco podía. El elefante duerme dos horas y el perro todas las que puede. No digo más. El hombre duerme para olvidar sus pecados; cada día más, a medida que ha conquistado la noche. No digo más. Los muertos no duermen. Yo, tampoco. Al que duerme, matarlo.

Max Aub


13. Sadismo y masoquismo

Escena en el infierno. Sacher-Masoch se acerca al marqués de Sade y, masoquistamente, le ruega:
-¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!
El marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca
y la mirada crueles, sádicamente le dice:
-No.

Enrique Anderson Imbert


14. Retrato

Conozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aun la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo que dio con amplitud, a exaltar su ejemplo, a reprochar la flaqueza del prójimo, a cobrar hasta el último centavo.

Adolfo Bioy Casares


15. El gesto de la muerte

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

Jean Coctau